lunes, 6 de diciembre de 2010

Rucachoroi (Casa de los Loros)



Barriletes vivos cargados de palabras.
Somos palabras que vuelan, plumas que cantan.
Almas que ríen y disfrutan de volar en libertad.
Por encima de los campos.
Saltando los semáforos y los alambrados.
Ajenos a la burocracia y a la leche agria.
Somos nuestra propia esperanza en vuelo.
Una promesa de risa compartida.
Somos los inquilinos provisorios del arcoiris y las nubes.
Somos pequeñas brújulas de música y de sol.

L(a)raña

4 comentarios:

  1. Se me paso el comentario Gregori, pero me gusto esto de "Rucachoroi".Estoy orgullosa de ser parte de esta casa. Donde habita una familia tan hermosa como la nuestra.
    Besos, felicitaciones muy buen trabajo.Que se puede esperar de un genio como vos;)

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  2. Les agradezco inmensamente pertenecer a esta casa y me consideren parte de L(a)raña me imagino que quiere decir "Los amigos de la Raña" o me equivoco?

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  3. Este es un trabajo que hicimos en el taller de Marina en referencia a las diferentes personas que habitaban un conventillo, a mi me toco el personaje de LA COSTURERITA QUE DIO EL MAL PASO

    La costurera, como me dicen en el conventillo, pero en realidad me llamo Maria
    Vine a la ciudad desde mi pueblo en Tucumán, yo trabajaba en una casa de empleada domestica, y quería muchísimo al Juancho el almacenero por que el, era buenísimo conmigo, siempre me daba la yapa de lo que la señora me mandaba a comprar.
    Un día la señora me dio permiso para que vaya con el Juancho, a tomar un helado y así una ves por semana nos acostumbramos a salir a pasear, yo esperaba con mucha ilusión ese día, a la señora no le molestaba porque me daba permiso, en el horario que ellos dormían la siesta, con la orden que estuviera de vuelta a la hora del te para servirles.
    Esta familia me quería como una hija ya que yo me había criado en un colegio de monjas y sabia coser, bordar, tejer, lavar, cocinar en fin hacia todo en la casa.
    Pero volvamos a mi historia con el Juancho, el me decía cosas muy lindas, que me quería mucho, que era muy linda, que en algún momento nos íbamos a casar, nos besábamos nos abrazábamos a mi me daba mucha vergüenza pero el me decía que no fuera tonta que le tuviera confianza, que nunca me iba a dejar.
    Y que para mostrarle mi amor yo debía acostarme con el, a mi me parecía que eso no se tenia que hacer, por que las monjas me habían enseñado que solo teníamos que estar con un hombre cuando nos hubiéramos casado y solamente cuando nuestro marido deseara tener un hijo. Después debíamos dormir en cuartos separados, porque para dormir en el mismo cuarto estaban las mujeres pecadoras.
    Pero el Juancho era tan bueno conmigo, yo lo quería tanto y el cuando yo le decía que no me podía acostar con el, por lo que me habían dicho las monjas, el se enojaba muchísimo y me decía si le iba a hacer mas caso a las monjas que no las había querido nadie, o a el que me amaba con todo su corazón.
    Así fue que en una siesta, acepte acostarme con el, todo siguió muy bien hasta que me di cuenta que me crecía la panza, le pregunte al Juancho que le parecía a el, y allí se enojo muchísimo y me dijo cosas terribles, que seguramente estaba esperando un hijo que el no sabia si era de el porque si yo me atreví a acostarme con el quizás con cuantos mas lo había echo.
    Me causo tanto dolor y vergüenza su reproche que me sentí muy sucia, y así es como me fui de mi pueblo sin decir nada a nadie.

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  4. Tratás la cuestión con un dramatismo profundo y a la vez tan sencillo...
    Creo que podrías publicarlo como entrada, para que no pase inadvertido.
    Me gusta mucho, Ana.

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