En esa casa sola y con una cama de testigo. Ellos eternos enamorados,decidieron darle forma a esa fantasía, textura a esos cuerpos para ellos
desconocidos. No existían sonidos, ni palabras, solo el lenguaje del amor y
de los cuerpos se iban a expresar esa noche. Noche que guardaría su
secreto.
_ Veni sentate, le dijo el, señalando la cama, ya con su pantalón
desabrochado.
Con el miedo de lo desconocido y la adrenalina de lo prohibido, ella se
acerco a el, sentándose en la cama, sintiéndose invadida de sensaciones
nuevas, raras pero hermosas. En su mente resonaban los mandatos
impuestos desde pequeña, pero su sexo parecía gritar, eso que nunca había
escuchado, pero que solo el lo provocaba.
_Quédate tranquila, le dijo.
Las palabras fueron un bálsamo, ya nada ocupaba esa mente, solo había
lugar para ese sentir nuevo. Besos y caricias estremeciendo cada
centímetro de piel, perdiéndose en ese pequeño mundo de sensaciones, que
solo le pertenecía a ellos, se descubrieron, se amaron, palmo a palmo;
hasta ahogarse en el mismo placer, que sus cuerpos vírgenes provocaban.
25 de agosto de 2010 Jesica Frias
Maravilloso estilo para reflotar vivencias y colocar al lector en estado de éxtasis.
ResponderEliminarGracias por compartirlo, Jessica.