sábado, 8 de diciembre de 2012

Uno no es adivino


Me llamo Emilse pero todos me dicen Emi. Amo la vida, amo amar la vida, no sé si me tienen. La parte sustanciosa de la vida, esa cosa de dejar resbalar la mirada detrás de un zorzal o una cucaracha. A fin de cuentas ¿qué vale más? claro, depende si te contesta una zorzala o un cucaracho. Vivir para vivir, de eso se trata digo, sin hacerse el bocho con mucha política ni demasiada filosofía. No quiero compromisos, bah, no quería hasta que conocí a un quía que me dobla en años y en cintura. Soy una boluda, tiene razón mi vieja. La bruja me cazó al tiro, leí los mensajes en pleno vuelo ¿qué le viste a ese jovato, nena por favor? Antes no me importaba. Mejor dicho sí me importaba y me tomaba el tiempo para seducir al guardavallas antes de entrar de lleno al campo de juego. Hasta que un par de malas experiencias me aconsejaron cambiar el rumbo, porque ni el mismo diablo puede cargar a la vez con una vaquillona y su ternerita. Vaquillonas llenas de mañas y agachadas, de enamorarse de tu pancita y al mismo tiempo batirle a la nena que no sé cómo podés siquiera mirar ese salvavidas espantoso. Terminás el partido arañado a cuatro manos. O seis, como me pasó en el verano, por pararme a hacerle un mimo a un bebito que me tiró los brazos al pasar junto a su cochecito. Juro que apenas le guiñé un ojo y seguí caminando. No había dado cuatro pasos cuando el pendejo pega un alarido ¡papá! Hace diez días que me tienen en terapia intensiva. Yo no sé cómo explicarlo. Primero porque soy un bebé de apenas un añito y no hablo ni tengo uso de razón. Hablar, hablar lo que se dice ni de ahí. Mamá, teta, papá. El resto lo pienso pero no me puedo expresar. Y es poco lógico que un bebito haga terapia. No por mí sino por lo boludos que suelen ser los terapeutas. Llegado el caso corrés el riesgo de que te metan en una vitrina y te exhiban por dos mangos como el fenómeno del siglo. Se me escapó sin darme cuenta, eso es todo. Sentí que algo me atraía de ese señor gordito y le grité papá. Cuando mamita y yo quisimos arreglarla, mi viejo se le plantó adelante y lo planchó de una trompada. Después entre mamá y la abuela me explicaron que nunca hay que hablar con un extraño. Uno no es adivino.

GE/viernes 7 de diciembre 2012

3 comentarios:

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  2. Muy bueno George!!!!!!!! Quedo redondo y muy entretenido. Pudiste con la maldad de L(a)raña :) Voy a ver si puedo aunque sea animarme a pelearle. Besote y el texto 10 puntines. Mira si le pasa eso a Jere jajaja....

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  3. Algo voy a tener que inventar para poder circular sin que me liquiden… :-)

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