Me llamo Emilse pero todos me dicen Emi. Amo la vida, amo
amar la vida, no sé si me tienen. La parte sustanciosa de la vida, esa cosa de
dejar resbalar la mirada detrás de un zorzal o una cucaracha. A fin de cuentas
¿qué vale más? claro, depende si te contesta una zorzala o un cucaracho. Vivir
para vivir, de eso se trata digo, sin hacerse el bocho con mucha política ni
demasiada filosofía. No quiero compromisos, bah, no quería hasta que conocí a
un quía que me dobla en años y en cintura. Soy una boluda, tiene razón mi
vieja. La bruja me cazó al tiro, leí los mensajes en pleno vuelo ¿qué le viste
a ese jovato, nena por favor? Antes no me importaba. Mejor dicho sí me
importaba y me tomaba el tiempo para seducir al guardavallas antes de entrar de
lleno al campo de juego. Hasta que un par de malas experiencias me aconsejaron
cambiar el rumbo, porque ni el mismo diablo puede cargar a la vez con una
vaquillona y su ternerita. Vaquillonas llenas de mañas y agachadas, de
enamorarse de tu pancita y al mismo tiempo batirle a la nena que no sé cómo
podés siquiera mirar ese salvavidas espantoso. Terminás el partido arañado a
cuatro manos. O seis, como me pasó en el verano, por pararme a hacerle un mimo
a un bebito que me tiró los brazos al pasar junto a su cochecito. Juro que
apenas le guiñé un ojo y seguí caminando. No había dado cuatro pasos cuando el
pendejo pega un alarido ¡papá! Hace diez días que me tienen en terapia
intensiva. Yo no sé cómo explicarlo. Primero porque soy un bebé de apenas un
añito y no hablo ni tengo uso de razón. Hablar, hablar lo que se dice ni de
ahí. Mamá, teta, papá. El resto lo pienso pero no me puedo expresar. Y es poco
lógico que un bebito haga terapia. No por mí sino por lo boludos que suelen ser
los terapeutas. Llegado el caso corrés el riesgo de que te metan en una vitrina
y te exhiban por dos mangos como el fenómeno del siglo. Se me escapó sin darme
cuenta, eso es todo. Sentí que algo me atraía de ese señor gordito y le grité
papá. Cuando mamita y yo quisimos arreglarla, mi viejo se le plantó adelante y
lo planchó de una trompada. Después entre mamá y la abuela me explicaron que
nunca hay que hablar con un extraño. Uno no es adivino.
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ResponderEliminarMuy bueno George!!!!!!!! Quedo redondo y muy entretenido. Pudiste con la maldad de L(a)raña :) Voy a ver si puedo aunque sea animarme a pelearle. Besote y el texto 10 puntines. Mira si le pasa eso a Jere jajaja....
ResponderEliminarAlgo voy a tener que inventar para poder circular sin que me liquiden… :-)
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