jueves, 6 de diciembre de 2012

Aloncito blanco


A primera vista, un canario blanco. Algo más corpulento acaso. Y ajeno desde ya a la fauna ornitológica local, limitada a zorzales, calandrias, benteveos y horneros; evetualmente un cardenal o un carpintero. Más los infaltables gorriones y chingolos, de vez en cuando tordos y por excepción un colibrí. Amén de dos o tres tipos de palomas. Se lo presentía vulnerable, sobre todo por el color, llamativo tanto sobre el césped como sobre la tierra. En casa no corría demasiado peligro, excepto los gatos del vecindario. Más nos preocupaba verlo andar por la calle o sobre las veredas, en busca de alimento. Donde al peligro de los vehículos se sumaba el de hondas y gomeras. Sin embargo nos acompañó incólume al menos cuatro temporadas, entre 2003 y 2006. Tengo presentes estas fechas, porque corresponden a un período especialmente feliz en reconocimientos literarios. Al punto de llegar a asociarlo con mi suerte en el tema. Desapareció tal como había llegado, de repente y sin dejar rastros. Ni una pluma. Nada que permitiera imaginar su suerte. Lo sentí al principio como angustia y al fin como una pena dulce que se fue evaporando con el tiempo. Hoy es recuerdo amable, un compañero querible que evoco con cariño. ◊ © GE 2012

2 comentarios:

  1. Que hermoso recuerdo, que te habra llevado a evocar al blanco Aloncito. Pero mas intrigante es saber que suerte corrio.

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  2. Es una gotita realista del oéano de los aconteceres cotidianos, que sólo un escritor puede convertir en literatura. Hermoso, Gregorio

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