No soy el príncipe Hamlet, desde luego.
Ni tengo negocios inmobiliarios en Dinamarca, claro.
Tampoco soy príncipe, vamos... ni duque ni marqués ni conde... ni nada acaso.
Pero tengo dudas.
Menos existenciales que las del buen Amleto.
Aunque no menos... in... inqui... inquietantes, digo.
Persisto en confundir a Marta con Marisa, desde que se me mezclaron las direcciones de correo.
Por lo tanto, le doy la bienvenida a las dos (a una por segunda vez entonces pero qué importa).
Celebro que sigamos creciendo, en calidad y número.
Ya pisamos los dos dígitos ¿se dan cuenta?
Por ahí parte de mi confusión deriva de encontrarme con tantas caras iguales... -:)
Vamos, esas fotitos, por aquello aunque más no sea de vernos las caras... jjjjjaaaaajjj

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.